!Atrevete: yo poseo un revolver!

!Atrevete: yo poseo un revolver!

Cristina Merino

Language:

Pages: 444

ISBN: 2:00265987

Format: PDF / Kindle (mobi) / ePub


Una banda de forajidos llega al hogar de una familia en busca de un hombre. Gunther, el líder de la banda, cree que este hombre les traicionó tras un robo. Es el comienzo de un largo viaje que les llevará hasta el resto del dinero y al verdadero traidor... Un comisario obsesionado por darles caza, tres hombres unidos por la codicia, una joven ingenua, un misterioso hombre de moral ambigua y una muchacha sedienta de venganza se unirán a Gunther y su banda en un pueblo del oeste llamado Redención.

Sniper's Honor (Bob Lee Swagger, Book 9)

Masque of the Red Death

The Mayan Secrets (Fargo Adventure, Book 5)

The Sentinel

Silent Assassin (Dan Morgan, Book 2)

Deep Fathom

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

mirada de Burton se aclaró y se centró en Rachel. —¿Me ayudas con las patatas? —repitió ella. —Claro. *** Se oían risas. Gold entró en la cabaña con el ceño fruncido. Al primer vistazo, comprendió que Sanders volvía a ser el centro de la atención con sus historias jocosas. Tanto él como Rachel, Burton y Lostman, todos sentados alrededor de la mesa, con las sobras de su almuerzo aún sobre ésta, se volvieron sonrientes al oírlo en la puerta. La sonrisa de Gold pareció natural. Como las de

de un portazo. Al cabo de un rato, salió y abrazó a Burton: —Gracias —le dijo en el oído. Rápidamente, volvió a entrar y a cerrar la puerta tras sí. Fuera, en la noche fría, Burton miró en derredor, pensativo. Luego, caminó en dirección al roble. Allí se sentó adosando su espalda al viejo tronco, mientras su mirada se posaba en la cabaña. Cuando horas más tarde la luz dejó de brillar más allá de la ventana, se tumbó, acomodándose con los ojos abiertos, dispuesto a pasar de este modo el

brida. Su pecho subía y bajaba con rapidez, parecía agotado. Se apartó la bufanda del rostro mientras observaba cómo su caballo se había hundido hasta las rodillas, de tal modo que los nudillos de las manos negras de su compañero casi rozaban el blanco suelo de la montaña. —Tú mandas, doc —murmuró, con cierto aire despectivo. Y en voz alta:— Bajaré a Dan… Oiga, doc, �se pondrá bien? El hombre sudoroso echó un trago de una botellita plateada y sin etiqueta cuyo contenido devolvió el color a sus

había demostrado su lado más dulce, siempre preocupado por si se encontraba bien, si tenía calor, o le dolía la espalda… Pensó en Susana, de pronto, como cuando se tiene una intuición. �Qué estaría haciendo ahora su mejor amiga? Tenía que escribirle contándole todo. A ella y a la señora Pullman. Y lo haría ya mismo. Rachel se agachó y abrió de nuevo la bolsa de viaje, guardó el abanico para asir un delgado cuaderno de tapas duras de color azul oscuro y un estuche forrado de cuero marrón. Abrió

movimiento de cabeza a modo de despedida. Pareció un gesto frío, pero Talbott comprendió que en este preciso momento, ella era incapaz de proferir una sola palabra. Gina dio media vuelta, abrió la puerta de la calle y salió de la casa. El comisario Talbott dejó de comer un momento, mientras observaba pensativo la marcha de la mujer a través de los visillos de la ventana, ligeramente balanceados por la brisa. *** Al otro lado de la puerta de la habitación de Kirstie, ésta estaba enfadada.

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